miércoles, 5 de agosto de 2009


El sol desaparecía del cielo, la luna entraba en escena, puesto que tomaba el rol de protagonista.
Ella digna de decoro, iluminando todo lo que la oscuridad cubre con su manto. Tan clara, tan divina, tan magnifica. ¿Puede que alguien mortal haya sido capaz de conocerte en persona?
Qué alguien tan insignificante a tu grandeza
te use como su musa inspiradora, que seas el máximo trofeo de la ciencia, que invadas con tu claridad la oscuridad de las mentes humanas.
Yo te escribo, observo tus cambios, tus caras, tu sencillez y no me siento digna de nombrarte como cualquier cosa, es difícil describirte, retratarte a la perfección.
Algunas veces me llenas de melancolía, de angustia. Otras de alegria, gozo, júbilo por tu llegada. Eres tan física y espiritual a la vez, se te nota tan cercana, pero imposible de tocar. Eres de los objetos divinos, la más digna de mi admiración.

No hay comentarios: