domingo, 7 de febrero de 2010

Aquí yace aquel cuerpo pulgoso, sediento, hambriento y cansado. La calle le ha dado hospitalidad, pero le parece fría y hostil. Un basurero es más amable, porque por lo menos puede recostar su cuerpo y capear el frío. ¡Cómo olvidamos con el tiempo a los necesitados! Como lo hemos olvidado, abandonado, descuidado, como lo hemos BOTADO. Nosotros, preocupados de nosotros mismos, ensimismados. Así vamos, convirtiendo la calle en un hogar para él, haciendo de la calle un basurero. ¿Eso nos hace ser más amables?
Nuevo día, nuevo amanecer, nueva travesía, recorre calles y calles. El semáforo cambia a luz verde, toca avanzar, hombros que rozan y él, entre ellos, entre nosotros, siendo rechazado, siendo mal visto por su traje sucio y su lento andar. Así pasan las horas, nada cambia, nada nuevo. El mismo panorama para alguien como él. El sol cae por otra dirección...llega la noche. Continua el estomago vacío y el basurero que lo espera fielmente.
¿Cómo se se siente estar solo, abandonado? Cómo se siente vivir en un mundo de hombres. ¿Ahora quién es el animal?

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