miércoles, 29 de abril de 2015

Vuelvo

Salgo de mi casa. Camino por el pasaje sabiendo que quizás las cosas ya no serán igual que antes. Mi vecina regando como todos los días a la misma hora. No siempre le pongo atención. Esta vez sí. El olor que emana, ese olor a tierra mojada, ese olor que tanto me gusta, me hace recordar veranos, vacaciones cuando tenía menos edad y más sueños. Quizás los sueños son inversamente proporcional a la edad que uno tiene. La miro, pero no para saludarla, solo veo lo que está haciendo, como lo hace, moviéndose de un lado para otro, intentando que toda la tierra quede húmeda. Camino hacia el paradero. Miro la hora en mi teléfono, realmente no me importa, porque hago eso para saber si hay un mensaje de ti. No lo hay. Eso no es novedad. Y quiero que no me importa, como lo haces tú. Me gustaría tener esa actitud tuya, ese semblante duro, esa retirada que siempre tienes. Yo siempre demando. Siempre estoy ahí, aunque el orgullo me coma por dentro. Y quizás no es algo de amor, es propio de la forma de ser. Pasan cinco minutos, decido caminar, no quiero esperar, ni la micro ni tu mensaje que nunca llegará. Camino y mis pensamientos deciden acompañarme, por lo menos no voy sola. Y no sé adónde ir. Quiero buscar las tantas respuestas que me hacen falta, de esas que tú te cansaste de entregarme. Realmente quiero que todo sea como antes. No. Realmente no quiero eso. No todo tiempo pasado fue mejor. Al contrario, espero con ansias que sea bueno lo que venga, que alguna sorpresa llegue. ¿Lo mejor está por venir?

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